En vez de este titulo, podría haber elegido otro mucho más espectacular, y a continuación sabrán a qué me refiero, pero la prudencia me exige que vaya con cuidado.
El remedio se debe a Fray Romano, un monje Franciscano de origen brasileño, maestro del seminario de Belén, en Israel, cuya fama se va expandiendo por toda Judea debido a su siguiente afirmación: “Yo curo el cáncer y cualquier persona puede hacerlo, sin hacer milagros, simplemente aplicando los productos que produce la madre naturaleza. La Naturaleza tiene remedios para curar las enfermedades. Basta con descubrirlos”.
¿Qué decir acerca de tan abrumadora aseveración? La lógica nos dirá que la desechemos, pero teniendo en cuenta que la fórmula milagrosa no contiene ningún ingrediente que pueda resultar dañino, creo que lo más inteligente sería la experimentación, aunque solo sea como un remedio depurativo.
Podría escribiros la receta, pero mejor os pongo un video que describe su preparación.
Recuerda que el mejor modo de construir tu Verdad, es mediante la propia experimentación.
sábado, 16 de agosto de 2008
lunes, 4 de agosto de 2008
Vedas y... Vista
–¿ Pero, es posible? –Insistí–. ¿Es posible aguzar la vista o el oído realizando una serie de ejercicios?
–Naturalmente. No es un aprendizaje rápido, desde luego, pero sí muy efectivo. ¿Cómo crees que pudo Leonardo da Vinci estudiar y describir hasta el menor detalle el vuelo de las aves para tratar de aplicar esos conocimientos al diseño de sus máquinas voladoras? Tenía una vista parecida a la nuestra y lo consiguió mediante un adiestramiento visual que él mismo ideó.
Bien es sabido el gran interés que Leonardo mostraba por los conocimientos de los antiguos filósofos griegos, y una prueba de ello la tenemos ni más ni menos que en la magistral obra del genio toscano La Última Cena.
En el extremo derecho del mural encontramos a tres apóstoles conversando ajenos al resto de la escena, que corresponden a Mateos, Judas Tadeo y Simón. Sabemos que da Vinci utilizaba modelos reales para los personajes de sus obras, y todos los expertos están de acuerdo en que, en la figura de Judas Tadeo, Leonardo se autorretrató a sí mismo. Pero lo más interesante es lo que Javier Sierra, genial investigador y escritor, asegura haber descubierto sobre la identidad de los otros dos modelos: Mateos corresponde a Marsilio Ficino, y Simón a un busto de mármol de Platón.
Ficino es famoso por ser el fundador de la Academia de Florencia, pero también por haber traducido al latín, entre otras, las obras completas de Platón. En cuanto al filósofo, podemos decir que fue pupilo de Pitágoras, y que este último, trajo consigo diversos conocimientos de la India, y entre ellos, bien podrían estar algunas técnicas muy simples que se enseñan en ayurveda para mejorar la vista.
Mirar al Sol con los ojos cerrados.
Cerrar los ojos y mirar al Sol durante treinta segundos. Esto hará que la luz estimule la célula de la retina. Tenemos ojos porque hay luz y hay luz porque tenemos ojos para verla.
Enfocar.
Mirar algo lejos y luego algo cerca. Tradicionalmente, uno miraba sus manos y luego el horizonte. Hacerlo durante treinta segundos. Ésto aumentará la flexibilidad de las pupilas, que con la edad, se vuelven más rígidas, comienzan a estancarse los líquidos y se forman cataratas.
Lectura a distancia.
Se coloca un texto en la pared y nos situamos a un brazo de distancia de él. Cada día lo leemos situándonos un poco más lejos. El límite será sorprendente.
Lectura de cerca.
Se comienza a cierta distancia de un texto y cada día lo leemos más cerca, hasta que podamos leerlo aunque esté pegado a nuestra nariz.
Lavar los ojos con saliva.
Jesús fue a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase.
Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea.
Después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le Preguntó: –¿Ves algo?
Al mirar, él Decía: –Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.
Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró intensamente. Y fue restaurada su vista, y Veía todo de lejos y claramente.
Estos ejercicios hay que hacerlos todos los días, con gafas o sin ellas, pero siempre del mismo modo. Si decidimos hacerlo con gafas, debemos acudir a nuestro oculista una vez al mes para una revisión. Nunca hacerlo con lentillas, podemos dañarnos los ojos. Los diabéticos deberán abandonar los ejercicios en caso de sangrado del ojo.
Pero si todo esto fuera poco, también podemos utilizar el sentido de la vista para mejorar ciertas habilidades, tales como la atención, la memoria y la intuición. Para ésto usamos lo que en ayurveda se denominan mudras, que son posiciones específicas de los ojos.
Así, fijaremos la vista en la punta de la nariz durante treinta segundos sin parpadear, y luego hacemos lo mismo pero centrándonos en el entrecejo.
Estos dos ejercicios son muy recomendables para niños con problemas de aprendizaje o hiperactividad. Otros ejercicios son:
Mirar hacia arriba y a la izquierda para fortalecer el recuerdo de imágenes durante treinta segundos.
Mirar hacia arriba a la derecha para mejorar la habilidad de crear nuevas imágenes.
Mirar hacia abajo a la izquierda para mejorar el recuerdo auditivo.
Mirar hacia abajo a la derecha para mejorar el recuerdo emocional.
Ésto habrá recordado a la Programación Neurolingüistica, y es que ésta se apoya en los antiguos mudras. La diferencia es que mientras la PNL es una técnica de manipulación, la ayurveda utiliza los mudras para el propio beneficio del individuo.
–Naturalmente. No es un aprendizaje rápido, desde luego, pero sí muy efectivo. ¿Cómo crees que pudo Leonardo da Vinci estudiar y describir hasta el menor detalle el vuelo de las aves para tratar de aplicar esos conocimientos al diseño de sus máquinas voladoras? Tenía una vista parecida a la nuestra y lo consiguió mediante un adiestramiento visual que él mismo ideó.
El último Catón. Matilde Asensi.
Si Leonardo da Vinci tenía o no una vista excepcional, nunca lo sabremos con certeza, pero si realmente la tuvo, posiblemente no fue gracias a ejercicios que él ideó, sino que los obtuvo de alguna fuente determinada.Bien es sabido el gran interés que Leonardo mostraba por los conocimientos de los antiguos filósofos griegos, y una prueba de ello la tenemos ni más ni menos que en la magistral obra del genio toscano La Última Cena.
En el extremo derecho del mural encontramos a tres apóstoles conversando ajenos al resto de la escena, que corresponden a Mateos, Judas Tadeo y Simón. Sabemos que da Vinci utilizaba modelos reales para los personajes de sus obras, y todos los expertos están de acuerdo en que, en la figura de Judas Tadeo, Leonardo se autorretrató a sí mismo. Pero lo más interesante es lo que Javier Sierra, genial investigador y escritor, asegura haber descubierto sobre la identidad de los otros dos modelos: Mateos corresponde a Marsilio Ficino, y Simón a un busto de mármol de Platón.Ficino es famoso por ser el fundador de la Academia de Florencia, pero también por haber traducido al latín, entre otras, las obras completas de Platón. En cuanto al filósofo, podemos decir que fue pupilo de Pitágoras, y que este último, trajo consigo diversos conocimientos de la India, y entre ellos, bien podrían estar algunas técnicas muy simples que se enseñan en ayurveda para mejorar la vista.
Mirar al Sol con los ojos cerrados.
Cerrar los ojos y mirar al Sol durante treinta segundos. Esto hará que la luz estimule la célula de la retina. Tenemos ojos porque hay luz y hay luz porque tenemos ojos para verla.
Enfocar.
Mirar algo lejos y luego algo cerca. Tradicionalmente, uno miraba sus manos y luego el horizonte. Hacerlo durante treinta segundos. Ésto aumentará la flexibilidad de las pupilas, que con la edad, se vuelven más rígidas, comienzan a estancarse los líquidos y se forman cataratas.
Lectura a distancia.
Se coloca un texto en la pared y nos situamos a un brazo de distancia de él. Cada día lo leemos situándonos un poco más lejos. El límite será sorprendente.
Lectura de cerca.
Se comienza a cierta distancia de un texto y cada día lo leemos más cerca, hasta que podamos leerlo aunque esté pegado a nuestra nariz.
Lavar los ojos con saliva.
Jesús fue a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaban que lo tocase.
Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea.
Después de mojarle los ojos con saliva e imponerle las manos, le Preguntó: –¿Ves algo?
Al mirar, él Decía: –Veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan.
Luego puso otra vez las manos sobre sus ojos, y miró intensamente. Y fue restaurada su vista, y Veía todo de lejos y claramente.
Marcos 8,22 a 8,25.
Hacerlo tras el cepillado de dientes y enjuagado. Podemos pensar que nos comemos un limón para mejorar la salivación, verter la saliva en un vaso y lavar los ojos con ella. La lógica de esto es que la saliva posee una enzima proteolítica que digiere proteína muerta, y eso es lo que son las cataratas.Estos ejercicios hay que hacerlos todos los días, con gafas o sin ellas, pero siempre del mismo modo. Si decidimos hacerlo con gafas, debemos acudir a nuestro oculista una vez al mes para una revisión. Nunca hacerlo con lentillas, podemos dañarnos los ojos. Los diabéticos deberán abandonar los ejercicios en caso de sangrado del ojo.
Pero si todo esto fuera poco, también podemos utilizar el sentido de la vista para mejorar ciertas habilidades, tales como la atención, la memoria y la intuición. Para ésto usamos lo que en ayurveda se denominan mudras, que son posiciones específicas de los ojos.
Así, fijaremos la vista en la punta de la nariz durante treinta segundos sin parpadear, y luego hacemos lo mismo pero centrándonos en el entrecejo.
Estos dos ejercicios son muy recomendables para niños con problemas de aprendizaje o hiperactividad. Otros ejercicios son:
Mirar hacia arriba y a la izquierda para fortalecer el recuerdo de imágenes durante treinta segundos.
Mirar hacia arriba a la derecha para mejorar la habilidad de crear nuevas imágenes.
Mirar hacia abajo a la izquierda para mejorar el recuerdo auditivo.
Mirar hacia abajo a la derecha para mejorar el recuerdo emocional.
Ésto habrá recordado a la Programación Neurolingüistica, y es que ésta se apoya en los antiguos mudras. La diferencia es que mientras la PNL es una técnica de manipulación, la ayurveda utiliza los mudras para el propio beneficio del individuo.
jueves, 19 de junio de 2008
¿Y tú qué sabes?
Documental que puso de moda la física cuántica, el puente que une los conocimientos de los antiguos sabios con la ciencia moderna.
Ver.
Antes deberías leer la siguiente entrada:
Cómo reproducir los videos Veoh.
Ver.
Antes deberías leer la siguiente entrada:
Cómo reproducir los videos Veoh.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Origen perdido
Del diluvio a la Atlántida es un interesante documental que rebate las fechas oficialmente aceptadas sobre la antigüedad de la Humanidad y nos habla de la existencia de perdidas civilizaciones avanzadas.
martes, 20 de mayo de 2008
Vedas y... Heliocentrismo
Seguramente, la mayoría pensamos que fue Copérnico, con la publicación en 1543 de su libro De Revolutionibus, el primero en promulgar la teoría del heliocentrismo, por la cual, se afirma que todos los planetas giran alrededor del Sol, y no alrededor de la Tierra, como se obstinaba en mantener la Iglesia Católica de la época.
Sin embargo, en los Vedas encontramos la prueba de que 2000 a.C., los sabios hindúes conocían la esfericidad de la Tierra y el sistema heliocéntrico que tampoco ignoraba Pitágoras, por haberlo aprendido en la India, ni su discípulo Platón.
Así, en el Aitareya Brâhmana, contenido en el Rigveda, encontramos:
“El Mantra–Serpiente es uno de los que vió Sarparâjni (la reina de las serpientes). Porque la tierra (iyam) es la reina de las serpientes puesto que es madre y reina de todo cuanto se mueve (sarpat). En un principio, la tierra era una enorme cabeza calva”.
La descripción de la Tierra en forma de cabeza calva, al principio dura y después blanda, cuando el dios del aire (Vayu) sopló en ella, demuestra que los autores de los Vedas, no sólo conocían la esfericidad de la Tierra, sino también que en un principio era una masa gelatinosa que con el tiempo se fue enfriando por la acción del aire.
El Aitareya Brâhmana enseña cómo ha de recitar el sacerdote los shâstras y explica el fenómeno de la salida y puesta del Sol. A este propósito dice: “Agnisthoma es el dios que abrasa. El sol no sale ni se pone. Las gentes creen que el sol se pone, pero se engañan, porque no hay tal, sino que llegado el fin del día, deja en noche lo que está debajo y en día lo del lado opuesto. Cuando las gentes se figuran que sale el sol, es que llegado el fin de la noche, deja en día lo que está debajo y en noche lo del lado opuesto. Verdaderamente, nunca se pone el sol para quien esto sabe”.
Este pasaje es tan concluyente, que en él se niega la salida y la puesta del Sol, como si el autor estuviese convencido de que el astro conserva constantemente su elevada posición.
En uno de los Nividas más antiguos, el Rishi Kutsa, que floreció en muy remotos
tiempos, explica alegóricamente las leyes a que obedecen los cuerpos celestes. Dice que “por hacer lo que no debió” fué condenada Anâhit (Anaitis o Nana, la Venus persa que simboliza la Tierra en la leyenda india) a girar alrededor del sol.
Todas estas son pruebas evidentes de que los hindúes conocían perfectamente el sistema heliocéntrico por lo menos unos 2000 años a.C.
Sin embargo, en los Vedas encontramos la prueba de que 2000 a.C., los sabios hindúes conocían la esfericidad de la Tierra y el sistema heliocéntrico que tampoco ignoraba Pitágoras, por haberlo aprendido en la India, ni su discípulo Platón.
Así, en el Aitareya Brâhmana, contenido en el Rigveda, encontramos:
“El Mantra–Serpiente es uno de los que vió Sarparâjni (la reina de las serpientes). Porque la tierra (iyam) es la reina de las serpientes puesto que es madre y reina de todo cuanto se mueve (sarpat). En un principio, la tierra era una enorme cabeza calva”.
La descripción de la Tierra en forma de cabeza calva, al principio dura y después blanda, cuando el dios del aire (Vayu) sopló en ella, demuestra que los autores de los Vedas, no sólo conocían la esfericidad de la Tierra, sino también que en un principio era una masa gelatinosa que con el tiempo se fue enfriando por la acción del aire.
El Aitareya Brâhmana enseña cómo ha de recitar el sacerdote los shâstras y explica el fenómeno de la salida y puesta del Sol. A este propósito dice: “Agnisthoma es el dios que abrasa. El sol no sale ni se pone. Las gentes creen que el sol se pone, pero se engañan, porque no hay tal, sino que llegado el fin del día, deja en noche lo que está debajo y en día lo del lado opuesto. Cuando las gentes se figuran que sale el sol, es que llegado el fin de la noche, deja en día lo que está debajo y en noche lo del lado opuesto. Verdaderamente, nunca se pone el sol para quien esto sabe”.
Este pasaje es tan concluyente, que en él se niega la salida y la puesta del Sol, como si el autor estuviese convencido de que el astro conserva constantemente su elevada posición.
En uno de los Nividas más antiguos, el Rishi Kutsa, que floreció en muy remotos
tiempos, explica alegóricamente las leyes a que obedecen los cuerpos celestes. Dice que “por hacer lo que no debió” fué condenada Anâhit (Anaitis o Nana, la Venus persa que simboliza la Tierra en la leyenda india) a girar alrededor del sol.
Todas estas son pruebas evidentes de que los hindúes conocían perfectamente el sistema heliocéntrico por lo menos unos 2000 años a.C.
Autocuración y Louise Hay
Esta es una sesión de autocuración guiada por Louise Hay, escritora norteamericana famosa por sus libros de autoayuda. La filosofía de Louise Hay se basa en el pensamiento de que cada persona tiene la posibilidad de revelar su potencial ilimitado, sus recursos internos y con ellos acrecentar su bienestar. Según su filosofía, el bienestar se logra integrando los cuatro ámbitos esenciales del ser humano: el físico, el emocional, el intelectual y el espiritual.
lunes, 12 de mayo de 2008
Los Vedas
En sánscrito, la palabra veda significa literalmente ¡conoce!, y como Vedas se denomina a los cuatro textos sánscritos que forman la base del sistema de escrituras sagradas del hinduismo.
El principal y más antiguo de los Vedas es el Rigveda, una colección de 1.200 himnos dirigidos a dioses diversos, especialmente a Indra, dios de las tempestades y de los vientos, y a Agní, dios del fuego. El más antiguo de sus himnos ha sido fechado entre el 4000 y 2500 a.C., aunque existen controversias.
El segundo Veda es el el Yajurveda, que contiene dos divisiones: el Taittiriya Samhita y el Vajasaneyi Samhita.
El tercero es el Samaved, que contiene un agregado de canciones para ejecutar con ritmos (tala) y melodías tradicionales (raga), exorcismos y encantamientos, creencias y plegarias devocionales.
Más tarde a estos tres Vedas se les agregó el Atharvaveda, que como el Rigveda, es una verdadera colección de himnos originales mezclados con encantamientos, con muy pocos préstamos del Rig y sin ninguna relación directa con los sacrificios de fuego. Sin embargo los hindúes creen que su recitación produce una larga vida, cura enfermedades, genera la ruina de los enemigos, etc.
A los Vedas se les han añadido muchos comentarios, llamados Upanishads, que intentan explicar la naturaleza profunda de la realidad. Estos tratados místicos acerca de la naturaleza de Dios y la relación entre el alma y la materia, se volvieron los verdaderos Vedas de los filósofos hindúes, y fueron los que generaron los seis dárshanas o sistemas principales de pensamiento del hinduismo.
Aunque estos cuatro textos son los más importantes, se añaden otros escritos, todos ellos, según los hindúes, obra de un solo autor: Vyāsa (mítica encarnación del dios Vishnú).
En conjunto, los cuatro Vedas, los Upanishads y los Vedanta Sutras se llaman shruti (‘lo escuchado’), la revelación comunicada oralmente por Dios a algunos sabios en el pasado.
Se usa este término shruti en contraposición al de smriti (‘lo recordado’) que es el resto de la literatura védica: los Puranas, los Itihasas (historias, como el Mahabhárata y el Ramayana), etc., que se consideran explicaciones escritas por el mismo Vyāsa para ayudar a los humanos a entender los crípticos Vedas.
El principal y más antiguo de los Vedas es el Rigveda, una colección de 1.200 himnos dirigidos a dioses diversos, especialmente a Indra, dios de las tempestades y de los vientos, y a Agní, dios del fuego. El más antiguo de sus himnos ha sido fechado entre el 4000 y 2500 a.C., aunque existen controversias.
El segundo Veda es el el Yajurveda, que contiene dos divisiones: el Taittiriya Samhita y el Vajasaneyi Samhita.
El tercero es el Samaved, que contiene un agregado de canciones para ejecutar con ritmos (tala) y melodías tradicionales (raga), exorcismos y encantamientos, creencias y plegarias devocionales.
Más tarde a estos tres Vedas se les agregó el Atharvaveda, que como el Rigveda, es una verdadera colección de himnos originales mezclados con encantamientos, con muy pocos préstamos del Rig y sin ninguna relación directa con los sacrificios de fuego. Sin embargo los hindúes creen que su recitación produce una larga vida, cura enfermedades, genera la ruina de los enemigos, etc.
A los Vedas se les han añadido muchos comentarios, llamados Upanishads, que intentan explicar la naturaleza profunda de la realidad. Estos tratados místicos acerca de la naturaleza de Dios y la relación entre el alma y la materia, se volvieron los verdaderos Vedas de los filósofos hindúes, y fueron los que generaron los seis dárshanas o sistemas principales de pensamiento del hinduismo.
Aunque estos cuatro textos son los más importantes, se añaden otros escritos, todos ellos, según los hindúes, obra de un solo autor: Vyāsa (mítica encarnación del dios Vishnú).
En conjunto, los cuatro Vedas, los Upanishads y los Vedanta Sutras se llaman shruti (‘lo escuchado’), la revelación comunicada oralmente por Dios a algunos sabios en el pasado.
Se usa este término shruti en contraposición al de smriti (‘lo recordado’) que es el resto de la literatura védica: los Puranas, los Itihasas (historias, como el Mahabhárata y el Ramayana), etc., que se consideran explicaciones escritas por el mismo Vyāsa para ayudar a los humanos a entender los crípticos Vedas.
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